ninoska_perez_castellonWelcome to my world of butterflies, hearts, doves, fantasies and other deities.

My work is the result of a fixation with a recurrent theme: Cuba.  It is mostly nostalgia.  Yearnings I transform into ornaments to embellish the heads of women of another era: “Habaneras”,  the lovely women of Habana who had to make themselves even more beautiful, so that the splendor and beauty of  their city would not outshine them.  Their  heads are adorned with stained glass windows, flowers  and elaborate designs curled up softly like the old gates abundant in a by gone era.

Vibrant colors and elaborate detailing make up the faces of women who  once lived  in a magical city and despite time and distance their vision is focused on returning home.  I paint virgins, angels, doves, butterflies, shells and Cuban hearts that travel the world bearing the colors of the Cuban flag and whose  permanent  habitat is the wonderful world of memories. The Havana of my childhood and my dreams was a city of lights. Not the garish neon lights that once were abundant. I remember crisp bright sunlight sneaking through the crevices of wooden shutters, intensifying even more the colors of old stained-glass windows. Dusk brought upon the city an amber glow that had the familiar warmth of a long embrace. Each stroke,  each color is for me  in itself, a return to  my lost city. Thus I paint, and like the Chinese poet Li Po, “I dream that I am home” – Ninoska Pérez Castellón

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Bienvenidos a mi mundo de mariposas, corazones, palomas, fantasías y otras deidades.

Mi obra es el resultado de mi fijación con un tema recurrente: Cuba.  Es también nostalgia. Son mis añoranzas plasmadas en las cabezas de mujeres de otros tiempos, obligadas a embellecerse para que el esplendor de La Habana no las opacara.  Son rostros de “Habaneras”.  Sus cabezas las adorno con antiguos vitrales, flores y elaborados rasgos que se encaracolan con la suavidad de las antiguas rejas que abundaban en La Habana de ayer, igualando encajes forjados por románticos orfebres.

Los vibrantes colores, la búsqueda de alguna o ninguna simetría, los escasos rasgos y minuciosos detalles componen los rostros de mujeres que algún día habitaron una ciudad mágica y, a pesar del tiempo y la distancia, aún siguen con la mirada fija en el regreso.  Pinto vírgenes, ángeles, palomas, mariposas, caracoles, gallos y corazones cubanos que recorren el mundo enarbolando los colores de nuestra bandera y habitan en el maravilloso mundo de los recuerdos.  La Habana de mi niñez y mis sueños era una ciudad de luces.  No la de llamativos anuncios lumínicos que abundaban por doquier.  Yo recuerdo la luz de un sol quemante, brillante, que se deslizaba por las rendijas de las persianas de madera y le daba aún más intensidad a los colores de los vitrales de viejos ventanales.  El atardecer brillaba con un resplandor ámbar que poseía el calor y la familiaridad de un prolongado abrazo. Pintar es para mí, regresar a mi ciudad perdida. Por eso pinto, y en las palabras del poeta chino Li Po, “Sueño que estoy en casa”.browse_and_shop